En unos parajes no lejos de la capital escocesa que inspiraron a Robert Louis Stevenson su famosa novela de aventuras ‘La isla del tesoro’ y donde su abuelo, que era ingeniero, construyó un faro, existe uno de los más fabulosos santuarios de aves marinas del mundo.
Cientos de miles de aves – gaviotas, frailecillos, cormoranes, alcatraces, aguzanieves, eíderes, fulmares, alcas tordas y otros de nombres más o menos exóticos – revolotean continuamente como las abejas de un enjambre, construyen sus nidos y forman auténticas colonias entre las rocas de islotes de origen volcánico que se crearon hace al menos 320 millones de años y que constituyen una espectacular atracción turística.
La familia Stevenson alquiló una casa en la costa, donde el futuro escritor, un niño enfermizo, iba a pasar los veranos.
Allí jugaba con otros niños de su edad en la playa, a la vista de las ruinas del castillo, y veía pasar los barcos, imaginándose historias de piratas y naufragios.
En ese lugar único en el mundo, a la vista de esas islas, alguna de ellas de propiedad privada, se construyó en 2000 el Centro de Aves de Escocia (Scottish Seabird Centre), un lugar privilegiado para la observación de toda esa fauna marina, que ha recibido numerosos premios tanto turísticos como del sector medioambiental.
Las imágenes obtenidas en esa especie de programa de ‘telerrealidad’ aplicado al mundo animal aparecen en las distintas pantallas del centro e incluso se transmiten en directo por internet aunque con un menor nivel de resolución (www.seabird.org).
En las terrazas del centro hay instalados asimismo diversos telescopios que permiten descubrir, por ejemplo, que lo que desde lejos parece una enorme mancha de guano en uno de esos islotes de basalto, el llamado Bass Rock, situado a cuatro kilómetros de la costa, no es sino la impresión óptica de los más de 120.000 alcatraces que se han instalado allí.
Por cierto que, al igual que la isla de Alcatraz, en la bahía de San Francisco, la Bass Rock sirvió algunos años de prisión, aunque en este caso no para delincuentes comunes, sino para los enemigos de una u otra religión.
Propiedad de una familia aristocrática local- los Hamilton-Dalruymple- en el islote pueden verse todavía los restos de una capilla del siglo XV dedicada a San Baldredo, un monje que vivió allí como ermitaño en el siglo VII, así como un faro, construido en 1902 sobre la antigua fortaleza y que desde 1988 funciona sin farero.
En el paseo en barco hasta las islas es posible, si hay suerte, ver nadando algunos ejemplares de focas grises, animales que fuera de la temporada dedicada a la procreación pasan casi todo el tiempo en el mar pescando su alimento, pero que a partir de octubre poblarán uno de esos islotes, el llamado Isle of May, donde en otoño cientos y hasta miles de esos mamíferos marinos se congregan para aparearse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario